sábado, 13 de junio de 2009

Exámenes Finales

En eso andamos y por eso casi no he escrito. Es curioso como me paso mucho tiempo sin hacer nada por que tengo exámenes. Pero ni siquiera es por que estudie. Es una especie de trance, entro en la etiqueta “tengo examen” y se bloquea todo. Veo mucha televisión, ando mucho en Internet, pero no hago nada productivo, nada que tenga que ver con el examen, ni siquiera algo que tenga que ver con lo que realmente me gusta.


Así estoy, cuando menos me doy cuenta, ya llevo dos semanas sin escribir. Es horrible. Quisiera tener un twitter, pero me daría mucha pena ver que también lo dejo vacío. Por eso a veces no quiero pensar y quisiera abandonar todo el blog y las revistas para sentir que no estoy fallando nada. Pero aparece el sentido del deber, la conciencia tormentosa y el siempre famoso gusanito de la inspiración que te dicen: “Sabes que tarde o temprano querrás escribir algo, si destruyes lo poco que llevas, nunca podrás darte a escuchar”.


Por eso seguimos por aquí, a pesar de los pocos comentarios. A pesar de no ser famoso ni tener una imagen agradable. A pesar de los bloqueos y de la falta de contenido. Estamos en un camino que elegimos y que queremos llevar hasta un final. Por eso, me gusta seguir posteando.

domingo, 31 de mayo de 2009

¿Achú?

El otro día estaban mis camaradas en una peda. Todos en su desmadre y bien entrados. Total que todo pasó como en una peda. Viejas borrachas, viejas contra viejas, viejas restregándose sobre los hombres, hombres con viejas en las camas. Total todo estaba tranquilo, como una buena peda. Y les dio sueño y se fueron a dormir.


Total que ya estaban para dormirse, unos en un cuarto y otros en otro cuarto. Ya estaban llegando a fase Alfa del sueño ligero y en eso escuchan un “Achú” Y los de un cuarto y otro dicen: Salud. Ah que pendejos, por que dicen salud si fue en su cuarto. Que pendejos ustedes que el estornudo fue en su cuarto. No mames, nosotros no estornudamos. A chinga nosotros tampoco. Y total que no quisieron averiguar quien fue y todos, todos se durmieron en un solo cuarto.

Testigos de Monterrey

De la vez que fui a Monterrey me quedé en casa de mi amigo, estaba yo dormido en la sala, en medio de cajas cartón desensambladas, todo sudado por el maldito calor y medio modorro al mediodía y que llegan a tocar a la puerta. Le grito a mi cuate que estaba con su futura esposa en su cuarto… Pues era misión perdida, por más que le grité no bajó y tuve que abrir la puerta yo… ¿Pues que creen? Eran dos, eran mujeres, con falda y ropa ceñida, y no, no eran prostitutas buscando catadores, eran… testículos de Jehova (ni idea de cómo se diga cuando las dos son mujeres).


Total que estoy en medio de una ciudad extraña en una casa que me tomó un chingo de tiempo encontrar y esta pinche gente se le ocurre encontrarme ahí. Cabe decir (que creo que es obvio, por mi otro blog) que no soy remotamente cristiano y me caga que me quieran adoctrinar a domicilio. Siquiera llevaran una pizza…

Total ahí estaba yo y como no conocía bien como la puerta de la casa (como para azotarla) pos total que me dicen:


La ruca: Hola amigo (no soy tu amigo…) venimos a traerte la palabra de Dios (cuatro letras, mmm, omnipotencia, ok ya tengo mi palabra del dia) ¿tú crees en Dios?

Anónimo: No, la verdad no.

La ruca: Ah, pero seguro piensas que hay un creador al que tenemos que amar y que nos quiere sobre todas las cosas.

Anónimo:… (a veces me pregunto como creen todo eso, seguro fue un tipo con una biblia en la mano a su casa y las convenció…)

La ruca: Bueno… (no sabe por donde continuar la conversación) entonces te dejo este folleto para que lo leas ¿no? (Como si nunca hubiera visto una Atalaya.


Total, hasta les sonreí, por que la joven estaba bonita y pues uno siempre tiene la esperanza de romperles la fe y otra cosilla.


Pero no, no se dio y se fueron. Total me quedé así, con un puto Atalaya y con el calor y mi cuate que no salía del cuarto con su vieja. Ya cuando despertaron sólo se burlaron de mí. A pesar de eso fue un buen viaje.

El Call center no tiene quien le escriba (o le conteste)

Lo prometido es deuda y como me han dicho que lo cuente, pues lo cuento. En mi casa también hablan cobrando, llevo dos cambios de teléfono, es decir que llevo tres números. En el último preguntan que si es el número de cierto restaurante, pero eso no es tan molesto como: LA PINCHE GENTE QUE HABLA PARA DECIRME QUE LE DEBO DINERO.


Así es, cada dos o tres días me llaman para decir: Por favor paguenos lo que nos debe, señor Victor Trujillo (ah no, ese es Brozo, es Victor algo el tipo y claro, yo no soy Víctor, yo soy Anónimo) y que esto y que el otro. Muchas, pero muchas veces son las que le he dicho que no es el número, que donde pongo la queja y que cómo me salgo de su base de datos. Pero nada, siempre hablan, a veces son personas, a veces son grabaciones. El chiste es que así está la cosa. A veces estás a las 6 de la mañana y te hablan para decirte que le debes dinero a Banmierda (es mentira, yo no me despierto antes de las 10 jajajaja). Pero bueno, cada vez ideo nuevas cosas para evitar que me moleste.


Total, pensé que lo mejor era contestar y colgar. Que la gente del otro lado se quedara pensando en que falló la línea y así una y otra vez (al cabo ellos llaman, ellos pagan) hasta que dejaran de llamar. Lo cual resultó bien, en un principio. Lo malo es que la grabadora no registra la llamada sino la “escuchas” toda, así que sigue marcando hasta que dejes que hable todo lo que quiere hablar la grabadora. Así que cambié de táctica. En lugar de eso, dejarle caer un “esegueynoviveaquíestaesotralíneaescasaparticularynotengoideadequieneseseguey” y luego colgar. En teoría la idea era buena. Eso hasta que me llamó la malcogida.


Malcogida: Buenas tardes, busco al señor Victor.

Anónimo: Mireyonoconozcoaesetipodejedemolestarporqueestaescasaparticularyyaestoyhastalamadre- Y cuelgo.


Plan perfecto, hasta que volvió a sonar el teléfono y vi que era el mismo número. Pensé, bueno tal vez me pasé de culero y debería enmendarme y contesté:


Malcogida: Oyeme pendejo, que no tienes educación hijo de la chingad…


Y que le cuelgo. Pobrecita queriendo hacer Catarsis diciéndome chingadera y media y que la dejo a medio orgasmo.


Total, que me vuelve a marcar. Y le descuelgo, alcanzo a escuchar sus gritos (con el teléfono muy lejos de mi oído) y le cuelgo. Y así otra y otra y otra y otra vez. Hasta que mejor prendí mi computadora e ignoré al teléfono.


Total, aprendí que esa no era la mejor forma para que dejaran de molestar. Pero bueno, así son las mujeres. Bueno las mujeres histéricas… jajajaja.



Nota: No intente hacer esto en casa, para eso existimos los profesionales.

sábado, 30 de mayo de 2009

Mi tío es genial

Tengo un tío que siempre me cuenta anecdotas graciosas. Hace un tiempo le estaban hablando para cobrarle un dinero de una persona que no vivía en su casa, ya saben, la típica joda de los bancos que te hablan diario para decirte que debes dinero y que te llamas Juan Pérez. Es lo malo de cambiar de línea telefónica o de rentar tu casa.

En fin, ya llevaba varios días y no encontraba la manera de no desesperarse cuando hablaba con las "amables" señoritas, hasta un día que tuvo una revelación. Sonó el teléfono, contestó, la señorita estaba diciendo que buscaba a Juan Pérez y que debían dinero, entonces mi tío le dice: "Mire señorita, no quiero ser grosero con usted y decirle lo mismo que todos los días, así que ¿qué le parece si los dos colgamos a la de 3? 1, 2, 3" Y colgó.



Me parece un método genial, actualmente lo estoy tratando de adaptar para cuando alguien llega tocando a mi puerta, preguntando por el Dengue. Decirle algo así como: ¿Qué le parece si a la de 3 cada quien da la media vuelta y sigue con su vida? 1, 2, 3.


En verdad creo que resolveria muchos conflictos. No como aquella vez que hasta la madre me rayaron (esas que hablan por teléfono a cobrarme dinero que debe no sé quien). Si recibo algún comentario contaré esa historia.

Del Dengue

Estaba el otro día en mi casa (en algún lugar de México del cuál no quiero acordarme) cuando llegó una señora con una ridícula casaca amarilla y una tablita, de esas con hojas como para hacer encuestas. Abrí la puerta de la casa y me le quedé viendo para ver que quería. Entonces ella me dijo:

-Oiga, ¿me daría permiso de checar su casa para ver si no tiene condiciones que propicien el dengüe?

Y Yo- No, la neta, no. ¿Qué no ve usted que la influenza es lo que está de moda?Así que vuelva cuando tenga cubre bocas y gel antibacterial.







Y cerré la puerta.

jueves, 23 de abril de 2009

Por que los hombres no preguntamos direcciones




Yo tengo una especie de maldición con las direcciones, cuando alguien se decide a darme indicaciones para llegar a su casa, para encontrar una institución, casa de la cultura, biblioteca, etc. Siempre me pasa lo mismo, me dicen “es imposible que te pierdas” y ¿qué creen que sucede? Pues al parecer para mí no hay imposibles.


Es curioso por que tengo una habilidad respetable de ubicación, con una sola vez que visite un lugar suelo volver a encontrarlo. Pero cuando me dan indicaciones me pierdo, creo que se debe a un serio problema de comunicación.


La peor de esas veces fue cuando me lancé unos días a Monterrey. En lo general le tengo miedo a las ciudades grandes, por una parte por que son bastante caóticas, por la otra, por que si te pierdes en una de ellas es imposible encontrar la manera de regresar al hotel donde te hospedas y terminas pagando por lo menos cien pesos a un taxista, que lo más seguro es que te va a hacer tranza (entonces terminarás pagando 150 o 200)


Pero esa vez andaba de aventurero, por eso cuando mi amigo me dijo: “no hay pierde, tomas la ruta 1 y le dices al chofer que te baje en la Clínica X, luego de ahí tomas la ruta 26 y te bajas en el segundo oxxo que veas, en la primer calle grande a la que llegues” pensé: “pan comido”.


Total, llegué a la parada correcta y observé un camión que iba a la dichosa clínica, subí y le dije al amable chofer que me avisara cuando llegáramos a la Clínica X. Me contestó muy amable que el me avisaba y confiado me senté en un lugar junto a la ventana a esperar. En ese momento me di cuenta que no tomé la ruta 1, sino la 128, pero pues si iba al mismo lugar, no debía de preocuparme.


Esperé a que me avisara, y esperé… y esperé, pero el amable chofer no decía nada. Cuando ya llevaba una hora en el autobús comencé a sentir pánico, ese miedo específico que te da cuando te das cuenta que no traes ni un varo como para perderte, que sabes que nadie te va a poder ayudar y que si contactas a tu amigo, sólo podrás decirle: “Ven por mí, tengo hambre y frío, ¿Qué donde estoy? Ah, pues aquí en donde hay un poste de luz y una calle”. Total, decidí que lo más lógico era esperar, total si ya estaba perdido, continuaría, tal vez hasta el final de la ruta para luego regresar.


Una hora, hora y diez, hora y veinte… hora y media, en ese momento tenía los nervios destrozados y sólo quería bajar y correr como loco. A cada segundo llorar parecía la única respuesta a mis problemas. En ese momento, como caído del cielo observo que estamos pasando por Soriana Fresnos, casualmente unos días antes mi amigo me dijo que vivía cerca de ahí, así que bajé apresuradamente y me sentí a salvo.


Mi amigo estaba en esos momentos con un grave dolor de espalda (al menos esa excusa uso para mandarme en misión suicida en búsqueda de su casa) por lo que le mandé un mensaje para saber a donde dirigirme. Me contesta, igual de sorprendido que yo (por estar en dicho Soriana) que no me preocupara, llegar a su casa era lo más fácil del mundo, simplemente tenía que tomar la calle donde estaba el Soriana “hasta el fondo, hasta donde se acaba la calle, ahí hay una mueblería, de ahí tomas la calle en dirección a la mueblería y adelante está la colonia donde vivo”. Ahora entiendo por que los de telcel decían que las cosas que no pudieras decir las mandaras por mensaje. Todo suena más bonito en un mensaje.


Primer problema, la calle en la que estaba Soriana no era una, eran tres… Soriana estaba en una esquina y además ocupaba una cuadra, por lo que tenía tres calles por las cuales dirigirme.


Segundo problema, ¿en qué dirección debía tomar la calle? (suponiendo que era la correcta)


Decidí recurrir a la lógica y evitar desesperarme, observando las calles y tomando nota de los detalles en estas descubrí que: La calle detrás de Soriana topaba con pared y en la otra dirección entraba en una colonia. Una de las calles más grandes, por donde circulaba el camión en el que venía, tenía un letrero donde señalaba la próxima salida a Nuevo Laredo (o sea que si no me hubiera bajado a tiempo, hubiera terminado a las afueras de la ciudad…) por el otro lado, no se le veía fin. La tercer calle, topaba con pared, entonces sólo tenía una dirección que tomar, pero se veía un gran baldío (probablemente muy peligroso).


Decidí que lo más sensato era meterme en la calle que se adentraba en la colonia, al principio iba confiado, decidido a llegar al final de la calle y encontrar la dichosa mueblería. Conforme avanzaba me encontraba gente que se veía poco amable. Todos me seguían con la mirada y a cada paso la calle se tornaba más y más oscura, por la sombra de los árboles. ¿Alguna vez han visto cuando el intrépido héroe decide entrar en el bosque embrujado? Ese bosque que cuando uno acaba de pasar la entrada se cierra creando una barricada con las ramas de los árboles. Precisamente así me sentí conforme avanzaba, sólo que en lugar de fantasmas allí había cholos. Tras un momento de intensa hombría miedo, corrí de regreso al Soriana Fresnos.


La calle grande, la que iba a Nuevo Laredo no parecía una buena opción, algo me decía que no era por ahí, pero siempre cabía la posibilidad. Decidí tomar la otra, la que topaba con pared de un lado y del otro tenía un gran baldío. Caminaba durante unos diez minutos y apenas conseguía ver el final del gran baldío. El pánico entraba por mi piel y mejor regresaba, decidido a que no era el camino. A los pocos minutos decidía volver a intentarlo, caminaba otros diez minutos, de nuevo me entraba el miedo (la zona en general parecía de mala muerte) y regresaba. Así estuve jugando por bastante tiempo hasta que volví a mandarle mensajes a mi amigo para que me dijera como llegar.


Ya te dije, sigues hasta el fondo de la calle y ahí encuentras la mueblería y de ahí está a dos patadas la casa, la colonia es Paseo de los fresnos. Y de nuevo, sin saber cual pinches era la calle. Total, oscurecía cada vez más (cuando llegué ahí era tarde-noche) y no había tiempo para dudar. Comencé a caminar por la dichosa calle del baldío. Hice caso omiso a los viejos feos que pasaban (mejor dicho, dones con cara de rateros) y caminé y caminé y caminé. Pasé el baldío y seguía una privada. No tenía a quien preguntarle direcciones, así que seguí caminando (a pesar de que mi mente me decía que regresara). Después de la privada seguía una zona residencial, medio pinche (pero mejor que el baldío, todo mejor que el baldío). De nuevo, la gente me miraba con desconfianza, pero ya no podía dudar.


Caminé aún más y la duda apareció de nuevo, había mucha probabilidad de que me dirigiera en la dirección equivocada y a cada segundo alejarme la casa de mi amigo. Tal vez incluso perderme (más de lo que estaba). Tomé un poco de valor y detuve a un taxi, le pregunté por la colonia de mi amigo y sí, iba en dirección correcta. El taxista se encabronó un poco al ver que sólo pedía direcciones, pero pues ni pedo, con 5 pesos no me iba a subir.


Total, que seguí caminando, al parecer por lo menos fueron tres secciones de una colonia. Por que para llegar al dichoso final de la calle, por lo menos pasaron treinta minutos (sin contar las pausas por el miedo). Pero por fin llegué y encontré la pinche mueblería. De ahí a caminar para la casa de mi amigo no fue mucho reto, tal vez sólo por que estaba completamente desierta la calle, no sólo de personas y automóviles, sino también de edificios.

Unos diez minutos después veo la colonia, con su bonito letrero, entro y en dos patadas encuentro la casa de mi amigo. Ya en su casa, me presentó a su esposa, me ofreció quedarme a dormir y todos bebimos té helado y fuimos felices.


Pero como les decía, esta sólo es una de las veces en que el famosísimo: “no te pierdes, segurito que llegas” me ha perdido. En esa ocasión fueron sólo 4 horas. 1 y media en el camión y 2 y media caminando (lo sé, hasta a mí me suena patético). Así que por favor, si me invitan a su casa, pues nada más tengan la consideración de salir a buscarme cuando esté perdido, tenga miedo, frío y hambre.


Datos curiosos:


Si no hubiera tomado la ruta “equivocada” lo más seguro es que seguiría perdido en Monterrey.

Cuando le dije a mi amigo que sus indicaciones apestaban me contesto: “Claramente te dije hasta el final de la calle, por que el final de la calle es el final de la calle”


Aquí (donde vivo) las calles se acaban a los diez minutos de caminar sobre ellas, en Monterrey, al parecer puedes caminar por horas sin encontrar el final de la calle.


Y sí, como dije antes, apenas traía 5 pesos en la bolsa. Ni siquiera unos 100 pesos para tomar un taxi que me sacara de tan horrible situación.


Por si lo dudaban, no, no vuelvo a seguir indicaciones. Por lo menos no en Monterrey (esto también aplica en el D.F. y Guadalajara).


Desde entonces estoy ahorrando para un GPS. O por lo menos un iusacel, con eso de que trae mapa integrado…


Envidio a la gente que tiene su Chevy C2. Si yo hubiera tenido un botón que al oprimirlo me dijera: “no estás perdido, sólo un poco confundido” Digo, por lo menos si no encuentras el camino a tu destino tienes psicólogo personal.